EL GRAVE ERROR DE MARCO RUBIO EN VENEZUELA: TIENE EL OBJETIVO CORRECTO, PERO EL PLAN EQUIVOCADO. Por Emir Moros Adams

Marco Rubio y el riesgo de aplicar una transición clásica a un Estado Capturado

El objetivo de celebrar elecciones legítimas es correcto; el peligro está en pretender alcanzarlo mediante una teoría que no corresponde a la realidad institucional de Venezuela

 

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó que Venezuela deberá atravesar una transición y celebrar elecciones legítimas en todos los niveles para que el gobierno resultante pueda ser reconocido como verdaderamente elegido por el pueblo. La afirmación parte de un objetivo correcto. Venezuela necesita recuperar la legitimidad democrática. Necesita elecciones libres, competitivas y verificables.  El problema aparece en la ruta propuesta.

Rubio sostiene que el primer paso debe ser la reconciliación nacional y señala que podrían estudiarse experiencias similares a las ocurridas en Europa del Este después de la caída de la Unión Soviética. Mi interpretación es que ese planteamiento continúa inscrito dentro de la lógica de las transiciones democráticas clásicas: negociación entre las élites, reconciliación, apertura política, elecciones y reformas institucionales posteriores.

Esa secuencia tuvo resultados positivos en determinados contextos históricos. Sin embargo, aplicarla mecánicamente a Venezuela puede conducir a un grave error estratégico.

Venezuela no enfrenta únicamente la necesidad de sustituir a un gobierno autoritario. Enfrenta la necesidad de desmontar una estructura mucho más profunda: un Estado Capturado, cuyas instituciones fueron incorporadas progresivamente a una Arquitectura de Captura destinada a proteger poder, recursos, impunidad y capacidad coercitiva. Por eso, el verdadero debate no consiste en decidir si debe haber reconciliación o elecciones. Ambas son necesarias.

La pregunta decisiva es otra:

¿Puede una transición convencional producir una democracia sostenible cuando las instituciones encargadas de organizarla, protegerla y certificarla forman parte de la estructura que debe ser transformada?

Mi respuesta, desarrollada en el libro Transición de Estado Capturado, es que no basta con aplicar una transición política clásica. Venezuela necesita una Transición de Estado Capturado, en la cual la descaptura institucional comience antes de las elecciones y las acompañe durante todo el proceso.

Las transiciones democráticas clásicas fueron concebidas para contextos en los cuales, aun bajo gobiernos autoritarios, las instituciones del Estado conservaban un mínimo indispensable de autonomía funcional. Los tribunales podían estar condicionados, los organismos electorales podían ser imperfectos y las fuerzas de seguridad podían responder políticamente al gobierno, pero continuaban existiendo como estructuras diferenciadas, con reglas, capacidades profesionales y una lógica institucional susceptible de ser reorientada después del cambio político.

Ese mínimo de autonomía no es un detalle secundario: es un requisito estructural de la transición clásica. Permite asumir que, una vez negociada la apertura o sustituido el gobierno, las instituciones podrán administrar las elecciones, hacer cumplir los acuerdos, proteger a los participantes y comenzar posteriormente un proceso de reforma democrática. Venezuela no cumple plenamente esa condición. Las instituciones encargadas de organizar, controlar y certificar la transición no se encuentran solamente debilitadas o politizadas. Muchas han sido integradas funcionalmente dentro de una misma Arquitectura de Captura, orientada a preservar poder, recursos, impunidad y capacidad coercitiva. El Consejo Nacional Electoral, el sistema judicial, los organismos de control, los cuerpos de seguridad y las redes patrimoniales no operan únicamente bajo influencia política: se protegen y refuerzan mutuamente.

Por eso, el problema venezolano no consiste simplemente en sustituir a quienes gobiernan y reformar las instituciones después. Las propias instituciones que deberían facilitar la transición forman parte del mecanismo que puede bloquearla, desviarla o vaciarla de contenido.

Mi respuesta, desarrollada en el libro Transición de Estado Capturado, es que no basta con aplicar una transición política clásica. Venezuela necesita una Transición de Estado Capturado, en la cual la descaptura institucional comience desde el inicio, avance paralelamente con la estabilización y alcance condiciones mínimas verificables antes de la elección decisiva.

Las elecciones continúan siendo indispensables, pero no pueden descansar exclusivamente sobre instituciones cuya autonomía todavía no ha sido recuperada. La descaptura no debe aplazarse para después de votar: debe acompañar, proteger y hacer posible que el voto produzca una transferencia real y sostenible del poder.

Rubio identifica correctamente el destino, pero puede estar equivocado en el camino

Es importante distinguir entre el objetivo y la metodología. Marco Rubio tiene razón al señalar que Venezuela necesita:

  • Elecciones legítimas. Un gobierno reconocido por el pueblo. Reconciliación nacional. Reconstrucción de la sociedad civil. Recuperación económica. Participación de todos los sectores. Acompañamiento internacional.

La Teoría de la Transición de Estado Capturado —TEC— no rechaza ninguno de esos objetivos.

Tampoco sostiene que Venezuela deba esperar indefinidamente para celebrar elecciones. No propone reemplazar la democracia por una tecnocracia, ni excluir a los ciudadanos de las decisiones fundamentales. La TEC sostiene algo diferente:

Cuando la captura institucional ha alcanzado dimensiones sistémicas, la negociación, la reconciliación y las elecciones continúan siendo necesarias, pero dejan de ser suficientes.

La política oficial de Estados Unidos reconoce actualmente un proceso de tres etapas: estabilización; recuperación económica acompañada de reconciliación; y posteriormente transición política. Rubio afirmó que estas fases podrían superponerse, pero también rechazó establecer públicamente un plazo para culminarlas.

Posteriormente, Washington restableció relaciones con las autoridades interinas y definió ese acercamiento como parte de un proceso gradual orientado a la estabilidad, la recuperación económica, la reconciliación y la creación de condiciones para una transición pacífica hacia un gobierno elegido democráticamente. En julio, el Departamento de Estado respaldó una agenda conjunta que incluía fortalecimiento institucional, mejora del sistema electoral y recuperación de garantías de participación política, pero tampoco publicó una fecha electoral vinculante ni condiciones precisas para pasar de una fase a otra.

Aquí se encuentra el riesgo. La estabilización económica tiene mecanismos inmediatos: petróleo, licencias, contratos, empresas, inversiones y recursos financieros.

La reconciliación tiene actores identificables: gobierno interino, partidos, negociadores, exiliados y presos políticos.

Pero la transición democrática continúa formulada como una etapa futura, sin una fecha pública y sin una arquitectura completa de cumplimiento.

La expresión más preocupante: “en algún momento”

En el mensaje difundido, Rubio afirma que “en algún momento” tendrá que producirse una transición. La prudencia diplomática puede explicar esa expresión. Sin embargo, desde el punto de vista político e institucional, resulta insuficiente. “En algún momento” no constituye:

  • Un calendario. Una obligación vinculante. Una fecha límite. Un indicador de cumplimiento. Una garantía para la ciudadanía. Una consecuencia frente a la demora.

Una transición que no tiene plazo puede convertirse en una espera indefinida. La estabilización puede prolongarse alegando que todavía existen riesgos. La recuperación económica puede extenderse porque todavía faltan inversiones. La reconciliación puede permanecer abierta porque aún existen divisiones. Y las elecciones pueden ser pospuestas bajo el argumento de que el país todavía no está preparado.

El resultado podría ser una paradoja peligrosa: Venezuela recuperaría parcialmente su producción petrolera, reanudaría relaciones diplomáticas, atraería empresas y alcanzaría una relativa estabilidad administrativa, mientras el poder político continuaría sin ser transferido a un gobierno legitimado por elecciones auténticas. Esa sería una transición económicamente activa, pero democráticamente suspendida.

El supuesto central de la transición clásica

Las teorías clásicas de transición democrática fueron construidas para explicar procesos en los cuales existía una diferencia relativamente clara entre el régimen político y las instituciones del Estado. El gobierno podía controlar los tribunales, pero estos conservaban cierta lógica jurídica. Las fuerzas armadas podían respaldar al régimen, pero mantenían una estructura profesional diferenciada. La administración pública podía estar politizada, pero continuaba operando mediante procedimientos reconocibles. Los organismos de control podían ser débiles, pero no necesariamente formaban parte de una red coordinada de autoprotección. En esos escenarios, la transición consistía principalmente en cambiar quién controlaba políticamente las instituciones.

Se negociaba una apertura. Se ofrecían garantías a determinados sectores.  Se organizaban elecciones. Se sustituía al gobierno. Y después se iniciaban reformas institucionales.

La teoría clásica parte, por tanto, de un supuesto generalmente implícito: Las instituciones sobrevivirán al régimen y podrán ser reorientadas posteriormente hacia la democracia.

Venezuela no encaja completamente dentro de ese supuesto.

Mi libro explica que las teorías tradicionales de transición resultan insuficientes cuando las instituciones dejan de comportarse como árbitros y pasan a integrarse dentro del propio sistema de preservación del poder. La cuestión deja de ser únicamente quién gobierna y se convierte en cómo reconstruir instituciones que han modificado su función para proteger a una coalición dominante.

Venezuela no es solamente un régimen autoritario

La crisis venezolana no puede reducirse a un presidente, a una cúpula política o a un partido. Durante años se consolidó una integración progresiva entre distintas dimensiones del poder:

Captura normativa:  Las normas y procedimientos fueron utilizados para ampliar las facultades del poder, restringir a los adversarios y reducir los controles.

Captura judicial: Los tribunales dejaron de funcionar como contrapesos confiables y comenzaron a validar o proteger decisiones políticas.

Captura coercitiva: Los organismos militares, policiales, de inteligencia y contrainteligencia fueron orientados hacia la preservación del sistema y la neutralización de sus adversarios.

Captura patrimonial: Las empresas públicas, los ingresos petroleros, los contratos, el acceso a divisas y los recursos del Estado fueron incorporados a mecanismos de sostenimiento político.

Captura de los órganos de control: La Fiscalía, la Contraloría y otros organismos dejaron de investigar imparcialmente y comenzaron a actuar selectivamente.

Estas instituciones no funcionan aisladamente. El resultado es una Arquitectura de Captura capaz de adaptarse, protegerse y sobrevivir incluso después de la desaparición o sustitución de determinados dirigentes. La TEC sostiene que esas relaciones pueden bloquear una transición mediante mecanismos judiciales, administrativos, normativos y coercitivos, aun cuando un nuevo gobierno posea formalmente la autoridad. Por eso, la salida de una persona no equivale a la transformación del sistema. Y por eso tampoco basta con sentar en una mesa a representantes del poder vigente y a determinados partidos opositores.

La reconciliación es necesaria, pero no puede ser el primer paso aislado

La reconciliación nacional es indispensable. Venezuela no puede reconstruirse mediante una persecución indiscriminada contra todos los funcionarios, militares, empleados públicos o personas que en algún momento respaldaron al chavismo. Una estrategia basada únicamente en castigos aumentaría el miedo, fortalecería la cohesión de los grupos dominantes y elevaría los costos de abandonar la estructura. Sin embargo, reconciliar no significa olvidar. Tampoco significa garantizar impunidad a todos. Mucho menos significa permitir que quienes controlan instituciones capturadas mantengan intacto su poder a cambio de participar en una mesa de negociación.

La TEC reconoce que los acuerdos políticos pueden abrir una oportunidad para iniciar el cambio, pero advierte que no pueden sustituir la reconstrucción institucional. Los pactos pueden reducir el conflicto sin modificar los incentivos que sostienen la Arquitectura de Captura.

Por tanto, la reconciliación debe ser condicionada, diferenciada y acompañada por mecanismos de verdad, justicia, reparación y reforma institucional.

El problema de celebrar elecciones bajo instituciones capturadas

Rubio afirma correctamente que deben celebrarse elecciones legítimas en todos los niveles. Pero una elección no se vuelve legítima simplemente porque haya candidatos, centros de votación y observadores internacionales.

Debemos preguntar:

  • ¿Quién controla el Registro Electoral? ¿Quién selecciona a los rectores del Consejo Nacional Electoral? ¿Quién administra las máquinas y el software? ¿Quién transmite y totaliza los votos? ¿Quién proclama a los ganadores? ¿Quién resuelve las impugnaciones? ¿Quién garantiza el acceso de todos los candidatos a los medios?¿Quién protege a los electores y a los testigos?

Una elección administrada por instituciones capturadas puede otorgar apariencia de legitimidad sin garantizar una transferencia real de poder. Incluso si un candidato opositor gana formalmente, podría enfrentar:

  • Decisiones judiciales que bloqueen sus reformas. Una burocracia que retrase o sabotee sus instrucciones. Organismos de seguridad que respondan a redes anteriores. Órganos de control que persigan selectivamente a los nuevos funcionarios. Empresas públicas administradas por intereses heredados. Redes financieras y patrimoniales capaces de condicionar al nuevo gobierno.

En ese escenario aparecería una diferencia fundamental entre el poder formal y el poder efectivo. El nuevo gobierno tendría la Presidencia, pero no necesariamente la capacidad real para gobernar y transformar las instituciones.

Como sostiene la TEC: La transición política produce autoridad; la descaptura produce capacidad. Si ambas no avanzan coordinadamente, la democracia puede nacer bloqueada.

El riesgo de la Normalización Prematura

La secuencia propuesta por Estados Unidos coloca en primer término la estabilización y la recuperación económica. Ambas son necesarias. Venezuela necesita recuperar servicios, producción, empleo, inversión, infraestructura y capacidad administrativa. Pero la estabilización no es lo mismo que la reconstrucción.

La estabilización reduce el conflicto. La reconstrucción transforma instituciones. La estabilización produce gobernabilidad. La reconstrucción produce autonomía institucional. La estabilización crea normalidad. La reconstrucción crea sostenibilidad.

Confundir ambos procesos es uno de los errores más peligrosos que puede cometer una transición.

La Normalización Prematura ocurre cuando los actores nacionales e internacionales concluyen que la transición ha tenido éxito antes de que hayan sido transformadas las estructuras de captura.

Sus señales pueden parecer positivas:

  • Reactivación petrolera. Regreso de inversiones. Restablecimiento de relaciones diplomáticas. Liberación parcial de presos políticos. Mayor actividad de algunos partidos. Reducción temporal de la represión. Reuniones entre gobierno y oposición.Anuncio de futuras elecciones.

El problema es que todos esos avances pueden coexistir con la continuidad de instituciones capturadas. La secuencia de riesgo es la siguiente:

Cambio político → sensación de normalidad → reducción de la presión reformista → adaptación de las estructuras heredadas → reaparición de la captura → nueva crisis.

La TEC no sostiene que esta secuencia sea inevitable. Advierte que se vuelve probable cuando la transición se concentra únicamente en la dimensión política y económica, dejando la reconstrucción institucional para después.

Las consecuencias de aplicar una transición clásica

  1. Transición superficial: Podría cambiar la dirigencia visible sin modificarse el funcionamiento profundo del Estado.
  2. Reconciliación convertida en impunidad: Los pactos podrían proteger a responsables de abusos graves y permitirles conservar posiciones estratégicas.
  3. Recuperación económica al servicio de las redes heredadas: Los ingresos petroleros, inversiones y contratos podrían fortalecer a quienes todavía controlan instituciones capturadas.
  4. Elecciones vulnerables: El proceso electoral podría celebrarse sin independencia suficiente del CNE, los tribunales, los órganos de seguridad y la administración pública.
  5. Nuevo gobierno sin capacidad efectiva: Una administración elegida democráticamente podría verse bloqueada por estructuras judiciales, burocráticas y coercitivas heredadas.
  6. Reducción prematura de la presión internacional: Las sanciones y controles podrían levantarse antes de que existan transformaciones verificables e irreversibles.
  7. Recaptura del Estado: Las antiguas redes podrían adaptarse al nuevo escenario, penetrar el nuevo gobierno y recuperar progresivamente el control.
  8. Nueva frustración social: Los ciudadanos podrían concluir que la democracia tampoco resolvió sus problemas, cuando en realidad nunca se produjo una reconstrucción institucional completa.
  9. Nueva ola migratoria: La pérdida de esperanza frente a una transición fallida podría empujar a más venezolanos a abandonar el país.
  10. Fracaso estratégico de Estados Unidos: Washington podría obtener estabilidad petrolera en el corto plazo, pero dejar instalado un sistema vulnerable a nuevas crisis, a la influencia de actores hostiles y a la recaptura.

La secuencia correcta según la TEC

La TEC no propone una secuencia rígida en la que todo el Estado deba ser reconstruido antes de permitir votar. Eso sería impracticable y antidemocrático.

Propone que la descaptura comience desde el inicio, avance paralelamente con la estabilización y alcance condiciones mínimas verificables antes de la elección decisiva.

La secuencia propuesta por la TEC es:

Diagnóstico → descaptura estratégica → reconstrucción institucional → consolidación democrática.

Esto requiere, como mínimo:

  1. Mecanismos independientes de investigación y esclarecimiento.
  2. Reconstrucción del Poder Judicial y de los órganos de control.
  3. Reconfiguración de los aparatos coercitivos.
  4. Recuperación de activos e interrupción de redes patrimoniales.
  5. Transformación de los incentivos que sostienen la Cohesión Defensiva.
  6. Evaluación y certificación de funcionarios en posiciones estratégicas.
  7. Reforma del sistema electoral.
  8. Elecciones libres como culminación verificable.

La alternativa no es destruir el Estado y comenzar desde cero. El libro sostiene que Venezuela conserva instituciones formalmente operativas. El desafío consiste en descapturarlas, no en desaparecerlas. El verdadero dilema no es continuidad o caos, sino preservación de la captura o reconstrucción institucional.

El poder no sustituye el conocimiento específico

Estados Unidos es una potencia extraordinaria. Posee una enorme capacidad económica, militar, científica, tecnológica, diplomática y de inteligencia. Sus universidades, centros de investigación, empresas y especialistas se encuentran entre los más avanzados del mundo.

 

Pero Estados Unidos no es infalible. La historia demuestra que también puede equivocarse en sus diagnósticos y en las soluciones que aplica, por ejemplo en Vietnam sobrevaloró la capacidad del poder militar para producir un resultado político sostenible y en Afganistan invirtió durante dos décadas sin construir un sistema suficientemente sostenible y adaptado a las condiciones locales.

Estos antecedentes no significan que Venezuela vaya a repetir exactamente esos casos. Demuestran una verdad más sencilla: La superioridad de los recursos no garantiza la exactitud del diagnóstico.

El poder permite intervenir sobre una realidad. No garantiza comprenderla. Y cuando una gran potencia aplica una teoría equivocada, la magnitud de sus recursos puede multiplicar las consecuencias del error.

El error venezolano que Estados Unidos debe evitar

El posible error de Washington no consiste en promover elecciones, reconciliación o recuperación económica. El error consiste en suponer que Venezuela puede avanzar mediante la secuencia convencional:

Reconciliación → estabilización → recuperación económica → elecciones → reformas institucionales posteriores.

Esa secuencia presupone que las instituciones pueden administrar honestamente el proceso y reformarse después.

Pero en Venezuela las instituciones no son únicamente débiles.

Muchas han operado como componentes de una Arquitectura de Captura.

Si esa realidad no es incorporada al diagnóstico estadounidense:

  • La reconciliación puede proteger a la estructura.
  • La estabilidad puede reducir la presión para reformarla.
  • El petróleo puede financiarla.
  • Las elecciones pueden legitimarla.
  • Y el nuevo gobierno puede terminar capturado por ella.

El mayor riesgo venezolano no es solamente el caos.

También lo es conservar un Estado formalmente funcional, pero incapaz de recuperar la autonomía de sus instituciones.

Hay que hacer comprender esto a Washington

Venezuela no debe relacionarse con Estados Unidos desde el antiamericanismo.

Pero tampoco desde la subordinación intelectual.

Ser aliado no significa aceptar todos los diagnósticos sin cuestionarlos.

Un aliado responsable advierte los riesgos, presenta alternativas y señala los errores antes de que sus consecuencias sean irreversibles.

Washington debe comprender que:

  • Venezuela no es Irak.
  • Venezuela no es Libia.
  • Venezuela no es Afganistán.
  • Venezuela tampoco puede copiar mecánicamente una experiencia de Europa del Este.

El caso venezolano tiene una naturaleza institucional propia.

No existe un vacío absoluto de Estado.

Existen instituciones que continúan funcionando, pero cuyo funcionamiento fue subordinado a estructuras de preservación del poder.

Por eso, la política estadounidense no debe limitarse a evitar el caos, reactivar la economía y facilitar una elección futura.

Debe responder:

  • ¿Cómo se descapturará el Poder Judicial?
  • ¿Cómo se reconstruirá el CNE?
  • ¿Cómo se evaluarán los organismos de inteligencia?
  • ¿Cómo se reconfigurarán las fuerzas de seguridad?
  • ¿Cómo se impedirán represalias y sabotajes?
  • ¿Cómo se recuperarán los activos?
  • ¿Cómo se diferenciará entre actores reformables y responsables de crímenes graves?
  • ¿Cómo se transformarán los incentivos para abandonar la estructura?
  • ¿Cómo se evitará la recaptura?

Venezuela necesita la capacidad diplomática, financiera y estratégica de Estados Unidos.

Estados Unidos necesita una teoría que corresponda con la naturaleza real de Venezuela.

Mi libro debe ser presentado como una advertencia y una solución

Transición de Estado Capturado no debe presentarse solamente como una crítica a la política estadounidense.

Debe presentarse como una advertencia y, sobre todo, como una propuesta.

El libro identifica conceptos que las teorías clásicas no desarrollaron suficientemente:

  • Captura Sistémica.
  • Arquitectura de Captura.
  • Cohesión Defensiva.
  • Costos Existenciales de Salida.
  • Transformación Estratégica de Incentivos de Salida —TEIS—.
  • Normalización Prematura.
  • Riesgo de recaptura.
  • Descaptura institucional.

La propuesta no consiste en expulsar indiscriminadamente a todos los funcionarios ni destruir las instituciones.

Consiste en identificar los componentes estratégicos, intervenir sobre los incentivos y reconstruir progresivamente la autonomía del Estado.

El libro debe ser llevado a:

  • El Departamento de Estado.
  • El Consejo de Seguridad Nacional.
  • El Congreso.
  • Los asesores de Marco Rubio.
  • Los centros de pensamiento.
  • Las universidades.
  • Los organismos responsables de diseñar la política hacia Venezuela.

El mensaje debe ser constructivo:

Estados Unidos posee el poder para ayudar a conducir la transición. La TEC ofrece un diagnóstico que puede impedir que ese poder sea aplicado mediante una teoría inadecuada.

Además, no existe una contradicción inevitable entre los intereses venezolanos y estadounidenses.

Una Venezuela descapturada ofrecería:

  • Mayor seguridad jurídica.
  • Más inversión de largo plazo.
  • Mayor producción petrolera y gasífera.
  • Menor riesgo migratorio.
  • Mejor capacidad para combatir el narcotráfico.
  • Menor influencia de actores hostiles.
  • Mayor estabilidad regional.
  • Menor posibilidad de recaptura.

El propio libro sostiene que la descaptura puede ser racional desde la perspectiva de los intereses económicos, energéticos y de seguridad de Estados Unidos. La pregunta estratégica para Washington no debería ser únicamente cómo estabilizar Venezuela, sino cómo producir estabilidad sin preservar las estructuras que hicieron posible la captura.

Conclusión

Marco Rubio tiene razón al afirmar que Venezuela necesita elecciones legítimas y un gobierno elegido por el pueblo. También tiene razón al reconocer que la reconciliación nacional será necesaria y que Estados Unidos puede actuar como facilitador.

Pero puede estar equivocado si considera la reconciliación como el primer paso aislado y pretende aplicar una transición política clásica a una realidad institucional que ya no responde a los supuestos de esa teoría.

Venezuela no es simplemente un régimen autoritario que necesita abrirse. Es un Estado Capturado que necesita reconstruirse.

Estados Unidos es una gran potencia, pero no es infalible.

Se equivocó en Vietnam al sobrevalorar el poder militar.

Venezuela no puede convertirse en otro error producido por un diagnóstico incompleto.

La obligación de los venezolanos no es esperar pasivamente que Washington descubra por sí solo la naturaleza del problema. Es advertirlo. Es formular propuestas.

Es demostrar que existe una teoría diseñada específicamente para enfrentar Estados Capturados. Mi libro pretende cumplir esa función.

Estados Unidos puede aportar poder, recursos e influencia. Venezuela debe aportar el conocimiento específico que impida utilizar esos recursos sobre una teoría equivocada.

No basta con estabilizar. No basta con reconciliar.  No basta con recuperar el petróleo.

No basta con celebrar una elección.

La democracia sostenible exige que las instituciones dejen de servir a las estructuras de poder y vuelvan a servir al ciudadano.

No basta con cambiar al gobernante. Hay que descapturar el Estado.

 

Por Emir Moros Adams

5 de agosto 2026